En Tucumán, la diferencia entre la mesa del 24 y la del 31 de diciembre no es sólo una cuestión de fechas. Es más bien una forma distinta de celebrar, de reunirse y hasta de comer. Mientras la Navidad conserva su impronta familiar y abundante, el Año Nuevo se vive con más descontractura, menos planificación y platos más simples. Así lo observa Jessica Abraham, propietaria de El Mesón, una empresa dedicada a la gastronomía que, cada fin de año, toma el pulso de las preferencias locales a través de los pedidos.
“En Navidad la gente consume mucha más cantidad. Elige variedad, combina platos principales, entradas y postres, y busca opciones más elaboradas”, explica Abraham. La mesa del 24 suele pensarse con anticipación y está marcada por el encuentro familiar, donde nadie quiere que falte nada. En cambio, el 31 llega con otro ánimo. “Para Año Nuevo se relajan bastante, dejan todo para último momento y ya buscan algo más tranquilo, más que nada entradas”, señala.
Lo que hay detrás
Esa diferencia también tiene una explicación social. Según la gastronómica, la Navidad sigue siendo una celebración profundamente familiar, mientras que el Año Nuevo se asocia más a encuentros con amigos o incluso a viajes. “Totalmente. En Navidad comparten con la familia y en Año Nuevo muchos se juntan con amigos o se van a otro lado”, afirma. Eso se refleja de manera directa en los pedidos: menos personas, menos comida y una propuesta más informal.
La practicidad manda en la última noche del año. Picadas, piononos, torres de panqueques y, sobre todo, los infaltables sándwiches de miga aparecen como protagonistas. “Buscan algo para sumar como complemento de lo que se prepara en casa. Muchos hacen asado el 31”, cuenta Abraham. La idea es acompañar, no reemplazar del todo, y evitar largas horas en la cocina.
Las cifras confirman esta tendencia. “Hay muchísima diferencia entre una fiesta y otra. Te diría que se consume más del doble en Navidad que en Año Nuevo”, detalla. A eso se suma un cambio de hábito cada vez más marcado: cocinar menos y encargar más. “Por cansancio o por el calor, la gente prefiere encargar y disfrutar la noche relajados”, resume.
Si hubiera que definir cada celebración con un sabor, para Abraham no hay dudas. La Navidad tucumana sabe a sándwiches de miga, vitel toné y pollo relleno. El Año Nuevo, en cambio, tiene un único denominador común: nuevamente, el sándwich de miga. Simple, práctico y siempre vigente, como símbolo de un festejo más liviano, donde lo importante ya no está tanto en la mesa, sino en brindar y arrancar el año sin complicaciones.